Personas no identificadas california

Base de datos de Personas Fallecidas no Identificadas: En esta base de datos se registran los antecedentes de personas que se encuentran con esa calidad, y que fueron proporcionados por los titulares de los órganos de procuración de justicia, a quienes indistintamente corresponde coordinar, administrar y supervisar los servicios periciales de ... El documento acusa a personas no identificadas de tomar imágenes del menor en la casa de la pareja en California. Meghan Markle y príncipe Enrique Kirsty Wigglesworth / AP Como respuesta a este problema se creó el Sistema Nacional de Personas Desaparecidas y No Identificadas, un recurso que puede ser la luz para familias de inmigrantes desaparecidos. Paula Diaz ... Contacto Cristóbal Garcilazo S/N Mexicali, Baja California C.P. 21010 (686) 904-5000 Ext.1395 [email protected] [email protected] En México hay más de 30 mil personas sin identificar en los Servicios Médicos Forenses, (Semefo) de los diversos estados de la república, lo cual ha derivado en una crisis institucional forense, pues no se cuenta con los recursos necesarios dar tratar los cadáveres, dijo Francisco Rivas Rodríguez, director del Observatorio Nacional Ciudadano. Tres personas no identificadas fallecieron en el norte de California, mientras que otras dos muertes fueron confirmadas en Oregón, en la región del Santiam Canyon. Tres personas no identificadas fallecieron en el norte de California, mientras que otras dos muertes fueron confirmadas en Oregón, en la región del Santiam Canyon. 'No van a ser los únicos fallecidos allí (en Santiam)', aseguró el sheriff del condado de Marion, Joe Kast. Tres personas no identificadas fallecieron en el norte de California, mientras que otras dos muertes fueron confirmadas en Oregon, en la región del Santiam Canyon. Tres personas no identificadas fallecieron en el norte de California, mientras que otras dos muertes fueron confirmadas en Oregón, en la región del Santiam Canyon. 'No van a ser los únicos fallecidos allí (en Santiam)', aseguró el sheriff del condado de Marion, Joe Kast.

Los ataques derechistas de Fox y las tareas de la clase obrera: ¡Romper con AMLO y el PRD! ¡Forjar un partido obrero! (1 - 2) (verano de 2005)

2016.05.21 23:01 ShaunaDorothy Los ataques derechistas de Fox y las tareas de la clase obrera: ¡Romper con AMLO y el PRD! ¡Forjar un partido obrero! (1 - 2) (verano de 2005)

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Espartaco No. 24 verano de 2005
Los ataques derechistas de Fox y las tareas de la clase obrera:
¡Romper con AMLO y el PRD!
¡Forjar un partido obrero!
En mayo de 2004, mientras las encuestas mostraban que la popularidad del jefe de gobierno de la Ciudad de México, el perredista Andrés Manuel López Obrador (AMLO), crecía y que él podría llegar a la presidencia en 2006, el gobierno panista, junto con un ala mayoritaria del PRI, lanzó una campaña transparentemente diseñada para hacer a un lado a AMLO: la PGR lo acusó de “desacato” a una orden judicial por haberse tardado demasiado en regresar un terreno que había expropiado para...¡construir un acceso a un hospital! A través del fraude electoral Porfirio Díaz se mantuvo en el poder durante 30 años y el PRI y sus predecesores durante 70. A lo largo de más de cien años la defensa del sufragio efectivo contra el fraude ha sido una de las demandas más recurrentes y sentidas por la población, y no es sorprendente que la maniobra foxista haya polarizado dramáticamente al país. El proceso de desafuero acaparó los titulares de los periódicos y los noticieros televisivos. En el D.F. se veían mantas caseras por doquier expresando repudio a la patraña del PAN y el PRI. Desde agosto del año pasado cientos de miles se han manifestado en las calles, especialmente en la capital, en contra del nuevo fraude. Más significativamente, muchos sindicatos obreros, sobre todo los llamados “independientes” que agrupan a muchos de los militantes sindicales más combativos, participaron en las manifestaciones.
Incluso la burguesía se encontró dividida en torno al desafuero. Mientras que importantes sectores burgueses apoyaron el ataque de Fox, otros sectores de la burguesía, e incluso de los imperialistas, estaban preocupados por el riesgo de “inestabilidad”, es decir, una explosión de lucha social como resultado de la intentona foxista. Así, algunos portavoces burgueses de entre los más “respetables” del mundo, como el New York Times, denunciaron también la maniobra. La amenaza de inestabilidad provocó una caída en la bolsa de valores. Según Proceso (No. 1487, 1° de mayo), el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Richard Myers, se reunió con Fox a mediados de abril para advertirle de las consecuencias del desafuero, y el gobierno mismo de EE.UU. hizo pública su “preocupación” por la inestabilidad política. Finalmente, tras la movilización de 1.2 millones de personas en defensa de los derechos de AMLO el 24 de abril, Fox dio marcha atrás.
El ataque de Fox y cía. habría significado un golpe preventivo derechista, con la venia del congreso, para deshacerse del candidato que la pandilla clerical foxista identifica con la “izquierda”. Habría agrietado la delgada capa “democrática” que cubre al volátil régimen capitalista mexicano y reforzado la arbitrariedad estatal. Los espartaquistas nos opusimos a este ataque del PAN contra los derechos democráticos elementales de la población entera: esencialmente, el derecho a votar por quien le venga en gana. Como marxistas, defendemos los derechos democráticos ganados mediante duras batallas, entre ellos el sufragio universal. Tomamos esta posición sin darle ningún apoyo político al PRD y sin dejar de esclarecer en ningún momento su naturaleza de clase burguesa y por lo tanto inherentemente antiobrera. Como escribimos en un volante distribuido en las movilizaciones del 7 y el 24 de abril contra el desafuero (ver página 17):
“...si la clase obrera ha de romper con los partidos burgueses y avanzar hacia su independencia política, un punto de partida básico es que no permita que los dictados judiciales de Fox le impidan votar por quien quiera, pues si el gobierno logra hacer a un lado incluso a un tímido nacionalista burgués como López Obrador, destituirlo de su puesto electo e incluso encarcelarlo, ¿qué podría esperar una dirigencia clasista de la clase obrera?”
La población trabajadora está harta del “gobierno de empresarios” y sus políticas “neoliberales” transparentemente antiobreras. El PRD, un partido burgués nacionalista que combina sus denuncias al “neoliberalismo” con magras concesiones a los obreros y oprimidos, ha sabido aprovechar ese hastío para apuntalar su popularidad, especialmente entre las masas desposeídas. Así, en las manifestaciones en defensa de López Obrador del 7 y 24 de abril, las mantas en apoyo al “proyecto alternativo de nación” de AMLO eran recurrentes, así como otras declarando “No estás solo” o “Todos somos López”. Pero como marxistas entendemos que la principal división en la sociedad es entre la burguesía y el proletariado, dos clases con intereses propios irreconciliables; esclarecer esa división fundamental y combatir las ilusiones en la burguesía son nuestras principales tareas. PAN, PRI y PRD son todos partidos burgueses que difieren sólo en la forma de administrar el capitalismo, pero ninguno de ellos cuestiona —y no podría ser de otro modo— la explotación capitalista en sí. Para deshacerse de la rapacidad inherente a este sistema de explotación y opresión es necesario que la clase obrera tome el poder en sus manos mediante una revolución socialista que destruya el estado burgués —cuyo núcleo es la policía, el ejército, los tribunales y las cárceles— e instaure un estado obrero —la dictadura de clase del proletariado— basado en la propiedad colectiva de los medios de producción y poniendo éstos al servicio no ya de las ganancias de un puñado de capitalistas, sino de la satisfacción de las necesidades de la población.
“Neoliberalismo” y “populismo”: Dos caras de la explotación capitalista
Durante las últimas dos décadas, la economía mexicana ha sido administrada siguiendo políticas identificadas con lo que se conoce como el “neoliberalismo”: recortes brutales al gasto social, privatización de las industrias paraestatales y apertura irrestricta de la economía a los inversionistas extranjeros. El pomposo objetivo, según Salinas de Gortari, era llevar a México al “Primer Mundo”. Hoy no queda nada que privatizar excepto el sector energético y, sin embargo, la realidad es la devastación de la economía y el nivel de vida de las masas. El salario ha perdido 70 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos 23 años. Las privatizaciones han lanzado a millones a la calle y debilitado significativamente los sindicatos. Incontables plantas maquiladoras han cerrado. La entrada en vigor del TLCAN y el desmantelamiento del ejido han provocado la ruina de millones de campesinos. A la par con las decenas de miles que arriesgan la vida cada año para ingresar a EE.UU. en busca de empleo, miles de campesinos siguen emigrando a las grandes ciudades para tratar de sobrevivir, sumándose al inmenso ejército de desempleados. Se estima que el 27 por ciento de la población total se dedica a la “economía informal”, es decir, al ambulantaje.
Además de ser el continuador de estas políticas económicas reaccionarias, el PAN —fundado por curas, empresarios y terratenientes en los años 30 como la versión “respetable” del movimiento cristero y en respuesta a las blasfemias callista y cardenista— es también el partido histórico de la reacción clerical. Así, la administración foxista se ha caracterizado por su atraso social general y ha lanzado campañas para reforzar los reaccionarios “valores familiares” a la par con ataques continuos contra la separación de la iglesia y el estado y los derechos de la mujer. Fox se jacta grotescamente de que los feminicidios de Cd. Juárez han sido resueltos, ante los oídos atónitos de los familiares de las víctimas y de la población horrorizada por más de una década de crímenes misóginos impunes. En el año 2000, el gobierno panista de Baja California negó a la joven Paulina su derecho elemental al aborto tras haber sido víctima de una violación, y en cambio la remitió...¡a un cura! (ver Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000). Hoy en día en México —el segundo país católico más grande del mundo—, 15 homosexuales son asesinados cada mes. Fox es el primer presidente en más de un siglo que le besa la mano a un Papa en un acto oficial.
El PAN está compuesto por derechistas abiertamente antiobreros, neocristeros ideológicamente motivados y lacayos obvios del imperialismo estadounidense. Fox mismo no es más que un Coca-Kulak —un latifundista ignorante con una pequeña dosis de urbanidad cortesía de The Coca-Cola Company—. El dirigente nacional del PAN, Manuel Espino, es un veterano de la organización fascistoide El Yunque. Ahora la política interna del país ha quedado en manos de Carlos Abascal, un fanático oscurantista, hijo y legítimo heredero ideológico de un dirigente del igualmente fascistoide movimiento sinarquista. Los principios republicanos de Fox y sus monjes probablemente se reducen a que sólo Cristo es Rey.
Por otro lado, no hay nada particularmente izquierdista en la política de López Obrador y el PRD, pero han logrado aprovechar el burdo conservadurismo del actual gobierno federal y su desprecio aristocrático e ignorante por los pobres y los obreros para presentarse como una alternativa más amigable a las masas y como un vehículo viable para conseguir las ansia-das demandas democráticas de la gente (el derecho a la educación, la emancipación nacional frente al imperialismo estadounidense, etc.). Gran parte de la popularidad de AMLO viene de sus declaraciones contra la privatización del sector energético. Hasta cierto punto, López Obrador ha traducido su retórica democrático-nacionalista en medidas populares, como lo son el aclamado subsidio a las personas de la tercera edad y las madres solteras y la inversión en proyectos de educación pública e infraestructura urbana, medidas tímidas y elementales que en el contexto de la brutal austeridad presupuestaria del PRI y el PAN parecen verdaderamente significativas. Ésta es una ilusión peligrosa.
La clase obrera no debe tener ninguna confianza en AMLO. Las posiciones particulares que lo distinguen de otros burgueses (sus denuncias del neoliberalismo, la oposición a la privatización del sector energético, etc.) son puramente coyunturales: promesas de campaña electoral o medidas para desactivar el potencial de lucha de los obreros. El populismo nacionalista y el neoliberalismo económico son simplemente políticas alternativas del régimen capitalista, a menudo seguidas por el mismo individuo según lo dicten las exigencias del momento. Como dijimos en nuestro volante: “...en caso de llegar a la presidencia, el mismo apoyo que López Obrador tiene entre el movimiento obrero lo pondrá en una mejor situación para llevar adelante las privatizaciones de los sectores eléctrico y petrolero que el ineficaz Fox no ha podido lograr”. Este mismo entendimiento es lo que se encuentra detrás del apoyo que AMLO tiene entre importantes burgueses como Carlos Slim —el hombre más rico de América Latina, que compró el antes estatal monopolio de comunicaciones Telmex—. El presidente de la Asociación de Bancos de México, Marcos Martínez Gavica, el día de su toma de posesión comentó, en clara alusión a López Obrador, que un político “de izquierda” no representa ningún obstáculo para el desarrollo del país: “Incluso, puede ser garantía de un mayor avance en las reformas para dotar de capacidad de competencia a la economía nacional” (La Jornada, 5 de marzo de 2005). Y cuando esta gente habla de “reformas” y de “capacidad de competencia” se refiere invariablemente a privatizaciones y medidas antiobreras. ¡Ni un voto a los partidos capitalistas! ¡Por la independencia política de la clase obrera! ¡Por un partido obrero que luche por un régimen obrero!
De Lázaro Cárdenas a López Obrador: El somnífero nacionalista
La historia del capitalismo latinoamericano ha sido una de constantes oscilaciones entre la apertura comercial del “libre mercado”, por un lado, y el populismo nacionalista por el otro. Tras décadas de “neoliberalismo”, en años recientes ha habido un viraje a través de Sudamérica de regreso al populismo nacionalista. Pero este viraje en el clima político y el balance de fuerzas no es anticapitalista, sino que fortalece el capitalismo latinoamericano al endurecer los lazos de la clase obrera con su propia burguesía nacional, la cual es experta en denunciar demagógicamente a Wall Street y Washington. Como dijimos en Espartaco No. 20 (primavera-verano de 2003), “las únicas constantes en esta inhumana rueda de la fortuna son la subyugación frente al imperialismo y la miseria humana de millones de campesinos y trabajadores.”
El papel fundamental del PRD ha sido encauzar las inevitables luchas cotidianas y espontáneas de las masas mexicanas a los marcos estériles de las boletas electorales. Su objetivo es estabilizar el volátil régimen capitalista mexicano y renegociar los términos de su subordinación al imperialismo. Fue ejemplífico que, en la manifestación del 7 de abril, el discurso de López Obrador pusiera particular énfasis en mantener el carácter pacífico de las movilizaciones y en respetar las instituciones del estado. Su discurso tuvo efecto no sólo en los manifestantes, sino también en la gran burguesía, que dio un respiro de alivio. Incluso la bolsa de valores se recuperó tras su discurso.
El PRD surgió como una fracción desencantada del PRI, la cual buscaba retornar a los “años dorados” de este partido. Así, en su libro Un proyecto alternativo de nación, López Obrador escribe, refiriéndose a los gobiernos priistas anteriores a Echeverría, que “aunque se padeció del mal endémico de la desigualdad, México creció a una tasa de casi 7 por ciento anual en forma constante, y con estabilidad macroeconómica en precios y finanzas públicas.” Para polemizar contra los “neoliberales”, ¡AMLO recurre al ejemplo de...Gustavo Díaz Ordaz y Adolfo López Mateos! El primero es tristemente célebre por la matanza de Tlatelolco, mientras que el segundo fue el responsable del aplastamiento brutal de la gran huelga ferrocarrilera de 1957-58, aunque muchos (como la dirigencia del SME) lo recuerdan hoy sólo por la nacionalización de la industria eléctrica. Pero eso significa el nacionalismo burgués populista: la combinación de concesiones a los obreros y oprimidos con la represión brutal, con el objetivo de disciplinar a la clase obrera e impulsar los intereses de la burguesía. Igualmente revelador, aunque ciertamente no sorprendente para los marxistas, es su referencia al “mal endémico de la desigualdad”. Lo que los obreros deben comprender es que la desigualdad, la explotación y la opresión son endémicos al dominio del capital.
Vale la pena analizar brevemente la política del ícono de los nacionalistas burgueses mexicanos, Lázaro Cárdenas. Durante su periodo presidencial, Cárdenas llevó a cabo una serie de reformas democráticas tales como la nacionalización del petróleo y los ferrocarriles y el reparto agrario. Los marxistas defendimos estas medidas contra los ataques derechistas. La expropiación petrolera en particular representó, en palabras del revolucionario ruso León Trotsky, “el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia”.
Cárdenas aprovechó la coyuntura en la víspera de la Segunda Guerra Mundial y la existencia de la URSS como contrapeso a los imperialistas para expropiar a los magnates petroleros británicos y estadounidenses y los humilló al darle asilo al bolchevique Trotsky, organizador junto con Lenin de la Revolución de Octubre, fundador del Ejército Rojo y la IV Internacional. Al llevar a cabo esas medidas, el propósito de Cárdenas era consolidar el estado capitalista mexicano y detener las pretensiones excesivas del imperialismo, y para ello requería el apoyo de la clase obrera. En 1940, viviendo en el México de Lázaro Cárdenas y meses antes de ser asesinado por un esbirro estalinista, Trotsky explicó en “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”:
“Como en los países atrasados el papel principal no lo juega el capitalismo nacional sino el extranjero, la burguesía nacional ocupa, en cuanto a su ubicación social, una posición muy inferior a la que corresponde al desarrollo de la industria. Como el capital extranjero no importa obreros sino que proletariza a la población nativa, el proletariado nacional comienza muy rápidamente a jugar el rol más importante en la vida nacional. Bajo tales condiciones, en la medida en que el gobierno nacional intenta ofrecer alguna resistencia al capital extranjero, se ve obligado en mayor o menor grado a apoyarse en el proletariado.”
Esta cita explica de manera muy sucinta la esencia de las décadas del régimen bonapartista del PRI en México, donde el estado, por la debilidad inherente de la burguesía, a menudo parecía elevarse por encima de los intereses de las clases en conflicto y se basaba en el corporativismo, atando al estado las organizaciones políticas, sociales y sindicales.
Así, al otorgar esas concesiones, Cárdenas no sólo utilizó a la clase obrera como una poderosa carta para jugar contra sus rivales burgueses locales e imperialistas, sino que logró cooptarla, para después ponerla bajo la dirección de la férrea burocracia cetemista. Cárdenas no era ningún “socialista”. Cuando la demagogia nacionalista no bastaba, no dudaba en desatar la represión contra los obreros. Así, en 1940, por ejemplo, mandó a la policía a reprimir una huelga petrolera en Azcapotzalco. Con toda su retórica nacionalista, al final de su sexenio la economía mexicana dependía de EE.UU. más que nunca antes en la historia. El “Tata” Cárdenas fue, de hecho, el fundador de lo que Mario Vargas Llosa evocativamente llamó la “dictadura perfecta” del PRI, que habría de durar 60 años más.
El principal cemento ideológico que hizo posible la “alianza histórica” cardenista, es decir, la subordinación de la clase obrera al PRM/PRI, fue el nacionalismo burgués: la noción de que a fin de cuentas todos somos mexicanos y la cuestión central es sacar adelante al país. El PRD hoy emula la retórica nacionalista de Cárdenas. Esto no es más que una cortina de humo para encubrir la explotación capitalista. El proletariado luchará con éxito por la consecución de sus intereses históricos en la medida en que se desembarace de esta ideología burguesa, en la medida en que se dé cuenta de que la suya es una clase internacional, con intereses comunes independientes de las nacionalidades y contrapuestos a los de la burguesía, tanto nacional como extranjera. (Para un análisis más completo del cardenismo ver “¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD!” en Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000.)
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/24/amlo.html
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2016.05.21 16:41 ShaunaDorothy ¡Forjar un partido leninista-trotskista! Se derrumba el régimen del PRI - ¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD! - ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués, enemigo de explotados y oprimidos! (2000) (1 - 2)

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¡Forjar un partido leninista-trotskista! Se derrumba el régimen del PRI ¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD! ¡Ninguna ilusión en el PRD nacionalista burgués, enemigo de explotados y oprimidos!
Reproducido de Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000.
Tras la victoria electoral de Vicente Fox Quesada del PAN, el próximo 1° de diciembre terminarán siete décadas de dominio del PRI (Partido Revolucionario Institucional). Después de su derrota electoral en la presidencia, el PRI ha perdido también una miríada de gobiernos municipales y gubernaturas, y se enfrenta ahora a una desbandada. Grupos internos del PRI exigen la expulsión de Zedillo, mientras que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) anterior, casi en su totalidad, ha sido reemplazado. Los conflictos internos del PRI fueron externados de manera sangrienta por la trifulca en Chimalhuacán, Estado de México, entre dos fracciones priístas, Antorcha Popular y el grupo de “La Loba”, dejando un saldo de varios muertos, en una lucha por el control del municipio. El Ejército y la Armada se ven envueltos en distintos escándalos relacionados con el narcotráfico, mientras que varios ex funcionarios priístas enfrentan procesos penales o se encuentran prófugos. A su vez, el burgués nacionalista PRD quedó muy atrás en los resultados electorales, perdiendo algunos de sus bastiones más importantes. A duras penas consiguió conservar la jefatura de gobierno en la Ciudad de México. Ante su derrota, el PRD trata ahora de posar como una “oposición firme” al derechista y clerical PAN.
En reuniones con empresarios canadienses, Fox anunció sus planes de “apertura completa”; es decir, privatización de las industrias petroquímica y eléctrica, con perspectivas a formar un mercado común norteamericano al estilo de la Unión Europea. El imperialismo estadounidense está lejos de sentirse contento con la idea de un mercado común bajo esos términos. Y Fox encontrará muchos problemas al tratar de introducir sus planes proimperialistas en México. Según el periódico burgués perredista La Jornada (18 de agosto), 75 millones (es decir, cerca del 75 por ciento de la población) de mexicanos viven en la pobreza. Tras la ruptura de la huelga de la UNAM, que pola- rizó profundamente a la sociedad mexicana durante casi diez meses, la burguesía enfrenta aún el problema representado por la persistencia de la guerrilla campesina del EZLN y continuas manifestaciones de descontento entre la clase obrera, los campesinos, los maestros, los estudiantes y otros. La reciente huelga de VW —declarada inexistente por la Junta de Conciliación y Arbitraje—, la huelga de sobrecargos de aviación, requisada por el gobierno, la huelga de los azucareros del año pasado, la huelga en la compañía automotriz DINA, así como otras recientes y emplazamientos a huelga diversos, como el del STUNAM en demanda del 50 por ciento de aumento salarial, muestran que existe mucha efervescencia y ánimo de lucha en la clase obrera. Los trabajadores reconocen que han habido cambios importantes en la estructura política en México y tienen grandes expectativas de finalmente satisfacer las necesidades diarias para ellos y sus familias. Pero cualquier ilusión en que la elección del PAN es una indicación de las “convicciones democráticas” de la burguesía es una ilusión mortal. En este país no puede existir ninguna democracia burguesa estable. La debilidad de la propia burguesía mexicana, subordinada al imperialismo y tratando de controlar al proletariado, le impide darse ese lujo, propio de las burguesías de los países desarrollados.
Los espartaquistas guiamos nuestra lucha por la revolución socialista en México mediante la perspectiva trotskista de la revolución permanente. Los países de desarrollo capitalista atrasado, como México, se caracterizan por un desarrollo desigual y combinado, en donde las formas más modernas de explotación capitalista coexisten con los métodos de producción más primitivos. La burguesía nacional es simplemente demasiado débil y subordinada al imperialismo como para resolver tareas democráticas elementales, como la solución del problema agrario, los derechos de la mujer, la educación gratuita, la emancipación nacional, etc. En contraste, el imperia-lismo ha creado un poderoso y joven proletariado, cuyos números y cohesión han crecido junto con la inversión imperialista. El capitalismo genera así a su propio sepulturero. Corresponde al proletariado satisfacer esas demandas democráticas mediante la instauración de su propio régimen de clase proletario a través de una revolución socialista, arrastrando tras de sí a las masas de pobres y oprimidos del campo y la ciudad, luchando por extender la revolución internacionalmente, especialmente al poderoso proletariado multirracial estadounidense.
Muchos de quienes votaron por el PAN lo hicieron con tal de sacar al PRI de la presidencia, y no por devoción a la política derechista y reaccionaria de este partido, principal vocero del llamado “neoliberalismo”. La burguesía y sus medios de comunicación tratan de pintar la llegada del PAN al poder como la consolidación de la “democracia” en México. En realidad, el triunfo del PAN presagia ataques frontales contra los trabajadores, las mujeres y las minorías. Un acalorado debate a nivel nacional ha hecho erupción sobre los ataques del PAN en torno al aborto. Así, desde Baja California —con el caso de Paulina, la adolescente que fue obligada por el gobierno panista y la iglesia a dar a luz a un niño producto de una violación— hasta Guanajuato —con las reformas que penalizaban el aborto en casos de violación, finalmente vetada por el gobernador ante la presión de la opinión pública—, la política reaccionaria y misógina del PAN se está haciendo sentir. Mientras tanto, tratando de aprovechar la situación para recuperar los adeptos que ha perdido, el PRD ha adoptado una pose de “amigo” de las mujeres, mediante la introducción de la llamada “Ley Robles”, que acepta como casos de aborto legal cuando haya malformación del producto y peligro para la mujer. La tímida y patética oposición del PRD al PAN y a la iglesia ni siquiera empieza a dirigirse a las necesidades de las mujeres en el México de hoy. Reconociendo la estrechez de las mismas, defendemos estas leyes contra los ataques de los reaccionarios. Pero, a pesar de su ocasional retórica “populista”, el PRD es un partido burgués, sostén del sistema de explotación capitalista y dominio imperialista. Los espartaquistas luchamos por: ¡Aborto gratuito para quien lo solicite! ¡Plenos derechos democráticos para los homosexuales!
La opresión de la mujer tiene raíz en el sistema de explotación capitalista y, por tanto, darle fin no es una tarea separada de la lucha por la emancipación proletaria. La lucha por la emancipación de la mujer tiene un carácter estratégico para la revolución socialista en México, donde la inversión imperialista ha integrado a cada vez mayores números de mujeres al proceso productivo como proletarias, sobre todo en las maquiladoras del norte del país. Ganándolas al programa de la revolución socialista, estas mujeres proletarias serán combatientes de vanguardia por la emancipación social de todos los trabajadores y oprimidos en México. ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista! (ver artículo “¡Aborto libre y gratuito!” en este mismo número).
El proletariado mexicano debe pasar de ser una clase en sí; es decir, una definida simplemente por su relación con los medios de producción, a una clase para sí: consciente de que debe tomar el poder y crear una sociedad socialista donde quienes trabajan gobiernen. El instrumento indispensable para forjar esta conciencia en la clase obrera es un partido leninista-trotskista. El principal obstáculo en México a la adquisición de la conciencia revolucionaria en el proletariado es la ideología del nacionalismo burgués impulsada desde la Revolución Mexicana, que pretende borrar la división fundamental de la sociedad en clases con intereses antagónicos, presentando a explotadores y explotados como simples “mexicanos” oprimidos por el imperialismo yanqui. El Grupo Espartaquista de México, sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), se ha fijado el objetivo de forjar un partido revolucionario internacionalista capaz de dirigir a la clase obrera al poder.
¡Romper el grillete corporativista
sobre los sindicatos!
En México la principal central obrera, la Confederación de Trabajadores de México (CTM) ha permanecido atada directamente al estado capitalista a través del partido que estuvo en el poder por más de 71 años, el PRI, el partido oficial gobernante que ha apuntalado su dominio con la mitología de la Revolución Mexicana, tratando de aparentar ser el partido que representa al pueblo mexicano y sus intereses.
El corporativismo es la organización de la sociedad dentro de corporaciones o “sectores” sociales. En México, los sindicatos de la CTM son parte orgánica de un partido político burgués, el cual, además, fue durante décadas el partido gobernante de un estado esencialmente unipartidista. Desde el tiempo en que surgieron estuvieron intrínsecamente subordinados al partido gobernante de la burguesía. Nos oponemos al corporativismo como una de las formas más abiertas de subordinación del proletariado a la burguesía. El corporativismo mexicano atañe a todos los sindicatos, no sólo a la CTM y demás sindicatos priístas. Las mismas leyes del Artículo 123 se aplican a todos los sindicatos, como hemos visto muy concretamente en el caso de la huelga reciente en Volkswagen, declarada “inexistente” por la Junta de Conciliación y Arbitraje. Aquí vemos que al final el estado regula la vida de todos los sindicatos, no sólo los de la CTM. A pesar del resquebrajamiento del corporativismo priísta, no ha existido por parte del proletariado una lucha abierta al control de la clase capitalista. Esto se debe a la hegemonía del nacionalismo burgués en la clase obrera, apuntalado por las burocracias sindicales, los lugartenientes del capital en el movimiento obrero. Como explicamos en Espartaco núm. 10: “Pero en la ausencia de un partido revolucionario luchando por la independencia política de la clase obrera, los trabajadores y sus organizaciones continuarán siendo juguetes para las ambiciones parlamentarias de los políticos burgueses nacionalistas. Mientras Cárdenas busca generar una cara más ‘populista’ y ‘nacionalista’ para el régimen de la austeridad burguesa, puede contar con el apoyo de los sindicatos ‘independientes’.”
Los burócratas sindicales de la CTM dirigen típicamente con el puño de acero de la represión. Los sindicatos llamados “independientes” son, de hecho, más democráticos, y nosotros los marxistas ciertamente no somos indiferentes a eso. Sin embargo, estos líderes de los sindicatos “independientes” atan a los trabajadores a la burguesía mexicana a través de otros medios, mediante la ideología del nacionalismo e ilusiones en la reforma “democrática” del estado capitalista. Los revolucionarios buscamos intervenir en los sindicatos para remplazar a las direcciones burocráticas y nacionalistas con una dirección opuesta a todos los partidos de la burguesía.
En su folleto “Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista” (1940), Trotsky explica:
“Como en los países atrasados el papel principal no lo juega el capitalismo nacional sino el extranjero, la burguesía nacional ocupa, en cuanto a su ubicación social, una posición muy inferior a la que corresponde al desarrollo de la industria. Como el capital extranjero no importa obreros sino proletariza a la población nativa, el proletariado nacional comienza muy rápidamente a jugar el rol más importante en la vida nacional. Bajo tales condiciones, en la medida en que el gobierno nacional intenta ofrecer alguna resistencia al capital extranjero, se ve obligado en mayor o menor grado a apoyarse en el proletariado. En cambio los gobiernos de países atrasados que consideran inevitable o más provechoso marchar mano a mano con el capital extranjero destruyen las organizaciones obreras e implantan un régimen más o menos totalitario. De modo que la debilidad de la burguesía nacional, la ausencia de una tradición de gobierno comunal propio, la presión del capitalismo extranjero y el crecimiento relativamente rápido del proletariado corta de raíz toda posibilidad de un régimen democrático estable. El gobierno de los países atrasados, o sea coloniales o semicoloniales, asume en general un carácter bonapartista o semibonapartista. Difieren entre sí en que algunos tratan de orientarse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco-militar. Esto determina también la suerte de los sindicatos: o están bajo el patrocinio especial del estado o sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje del estado está determinado por dos grandes tareas que éste debe encarar: en primer lugar atraer a la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas del imperialismo, y al mismo tiempo disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo el control de una burocracia.”
En parte, Trotsky escribió lo anterior basado directamente en el caso de México en ese tiempo. Muchos mexicanos miran con nostalgia las reformas realizadas bajo Cárdenas. Lo que es importante entender, sin embargo, es precisamente la continuidad del estado mexicano actual con el periodo de Cárdenas. En su folleto, Trotsky está describiendo la estructuración social en México bajo Cárdenas. Durante cincuenta años nada cambió esencialmente en la forma en que los sindicatos y el estado mexicanos están organizados y cómo funcionan.
Trotsky explica que el hecho de que el papel principal en los países coloniales y semicoloniales lo desempeña no el capitalismo nativo, sino el imperialista, no niega sino que, al contrario, refuerza la necesidad de los lazos directos con el estado. Esta es la base social más importante del carácter bonapartista y semibonapartista de los gobiernos de las colonias y los países atrasados en general. Trotsky enfatiza:
“¿Significa esto que en la era del imperialismo la existencia de sindicatos independientes es, en general, imposible? Sería básicamente erróneo plantear así esta cuestión. Lo que es imposible es la existencia de sindicatos reformistas independientes o semiindependientes. Es muy posible la existencia de sindicatos revolucionarios que no sólo no sean agentes de la política imperialista sino que se planteen como tarea directamente el derrocamiento del capitalismo dominante. En la era de la decadencia imperialista los sindicatos solamente pueden ser independientes en la medida en que sean conscientes de ser, en la práctica, los organismos de la revolución proletaria.
“En realidad, la independencia de clase de los sindicatos, en cuanto a sus relaciones con el estado burgués solamente puede garantizarla, en las condiciones actuales una dirección de la Cuarta Internacional.”
Revolución permanente
vs. nacionalismo cardenista
Ante el fin del dominio del PRI, México está pasando por cambios políticos importantes. Para los marxistas revolucionarios, es necesario obtener las lecciones del pasado para comprender el presente y poder dirigir las luchas del proletariado a la victoria.
La Revolución Mexicana de 1910-20 fue una confirmación por la negativa de la teoría de Trotsky de la revolución permanente. Las relaciones políticas y sociales en el país estaban insuficientemente maduras para poner al proletariado en el poder como el dirigente de las masas populares. Por tanto, la Revolución Mexicana produjo sólo resultados muy parciales dirigidos enteramente en contra de las masas obreras. Los constitucionalistas, los burgueses triunfantes que emergieron de la revolución fueron incapaces de realizar los propósitos de una revolución nacional democrática. Tenían que enfrentar no sólo la oposición de las alas recalcitrantes de la burguesía y la iglesia católica, sino al reto constante del proletariado en las ciudades y el campesinado empobrecido en el campo, zigzagueando continuamente en cuanto a su política respecto al imperialismo estadounidense. Hacia el final de la Revolución Mexicana, el capital estadounidense había, de hecho, fortalecido su grillete económico sobre el país a expensas de sus rivales imperialistas.
Tanto para alcanzar la victoria en la guerra civil contra Villa y Zapata, como para consolidar su dominio en la secuela de la revolución, los constitucionalistas tuvieron que apoyarse en el proletariado para obtener un apoyo político y militar —al mismo tiempo subordinando políticamente a la clase obrera a su dominio—. La primera federación obrera mexicana post-revolucionaria, la Confederación Regional de Obreros de México (CROM) ilustra este punto.
La convención de fundación de la CROM fue convocada y financiada bajo los auspicios del gobierno para minar a la Casa del Obrero Mundial. Mientras que el programa de la CROM aprobado en dicha convención se oponía a cualquier cooperación con el gobierno (¡!), bajo la dirección de Luis Morones, la CROM rápidamente se convirtió en un aliado servil del gobierno —dependiente de los subsidios del gobierno a manera de “coutas”—.
Poco después de haber fundado la CROM, en 1919 Morones y sus secuaces lanzaron el Partido Laborista Mexicano (PLM), para apoyar la candidatura presidencial del general constitucionalista Alvaro Obregón. Pero aun antes de que el PLM fuese proclamado, la CROM había negociado con Obregón un acuerdo para que éste creara una secretaría del trabajo dirigida por “una persona cercanamente identificada con los intereses de los trabajadores” y que a la CROM se le otorgaría un estatus y acceso especiales para recibir apoyo y facilidades estatales. Durante la competencia electoral de 1920 la CROM dio apoyo militar a Obregón en su lucha exitosa para eliminar a su rival, el presidente Venustiano Carranza, quien huyó de la Ciudad de México y poco después fue ejecutado por tropas leales a Obregón.
Una vez en el poder, Obregón no cumplió su promesa de una secretaría del trabajo. No obstante, dejó muchos departamentos gubernamentales bajo el control de la CROM y el PLM, y permitió que los jefes de estos departamentos recaudaran “contribuciones espontáneas” de sus empleados para beneficio directo del PLM y la CROM, incluyendo especialmente a sus dirigentes. Al mismo tiempo, Obregón presurosamente creó el Partido Nacional Agrarista (PNA) como un contrapeso del PLM.
En 1924 hizo erupción un nuevo enfrentamiento armado dirigido por Adolfo De la Huerta, antiguo aliado de Obregón, cuando éste decidió designar a Plutarco Elías Calles como su sucesor, quien era considerado por hacendados y jerarcas católicos un “radical”. Obregón había perdido popularidad en el ejército debido a cortes en el presupuesto militar.
Los obregonistas ganaron una victoria sobre De la Huerta debido al apoyo estadounidense —los obregonistas recibieron armas, mientras que las fuerzas de De la Huerta fueron sujetas a un bloqueo—. Además, Obregón tenía el apoyo de milicias campesinas organizadas en el Partido Nacional Agrarista y obreros armados de la CROM. Junto con regimientos del ejército leales al régimen, aplastaron la revuelta a un costo de 7 mil muertos.
Similarmente, Calles movilizó a los campesinos agraristas para ayudar a aplastar a las guerrillas fundamentalistas católicas de la Cristiada, al tiempo que usaba su control sobre la CROM de Luis Morones como base de apoyo contra fracciones burguesas rebeldes y contra toda disidencia obrera. Durante el régimen de Calles, la CROM acordó un “pacto social” con el estado: a cambio de curules, puestos en el gobierno y la aprobación del gobierno en campañas de organización sindical, la CROM asistió en la persecución de izquierdistas y disidentes y la ruptura de huelgas, como la de ferrocarrileros en 1926.
Calles buscó exitosamente enfrentar entre sí a sectores de la clase obrera cuando, en 1928, la dirigencia de la CROM, desacreditada por su tan cínicamente abierta colaboración de clases, buscó mejorar su reputación ante los ojos de la clase obrera, renegando de su “pacto social” con el gobierno; el gobierno respondió cortando los fondos de la CROM y apoyando —durante un periodo muy efímero— a grupos obreros disidentes. Los conflictos desembocaron en enfrentamientos armados entre la CROM y los grupos obreros disidentes. Calles, a través de su títere Emilio Portes Gil, atacó a los últimos. Con la Cristiada sofocada, cualquier amenaza de su mentor, antiguo jefe y rival Obregón eliminada, y las relaciones con el imperialismo estadounidense estabilizadas, Calles necesitó muy poco a la muy comprometida CROM/PLM. Entonces buscó marginarla y eliminarla de una posición influyente en el gobierno.
En 1929, Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) reclamando ser el partido “de la Revolución”, disciplinando y coptando en él a la mayor parte de las fracciones rivales burguesas. Se dio inicio a la breve época conocida como el “maximato”, en la que los presidentes sucesivos no eran sino marionetas de Calles.
La depresión mundial de finales de los años 20 representó una catástrofe a nivel internacional en los países capitalistas (la economía colectiva planificada del estado obrero degenerado soviético no fue afectada). Las economías de países que se encontraban subordinados al imperialismo fueron golpeadas de manera particularmente fuerte, y tal fue el caso de México bajo el yugo del imperialismo estadounidense. El número de desempleados en México se triplicó entre 1929 y 1933, mientras que el salario mínimo no alcanzaba a cubrir más que un tercio de las necesidades básicas de las familias obreras.
El nuevo “Plan Sexenal” de 1933 reflejaba la preocupación de la burguesía ante un alza en las luchas de la clase obrera, poniendo énfasis en la reducción de la dependencia económica de México ante los EE.UU., con una perspectiva de reformas sociales que tenían como meta aminorar el descontento obrero. Fue así como se designó al General Lázaro Cárdenas, uno de los voceros de las reformas sociales, como sucesor del “Jefe Máximo” Calles.
Muchos obreros y pobres de la ciudad y del campo ven en Lázaro Cárdenas a una figura “progresista” y “antiimperialista”; sectores de la burguesía “populista” invocan su nombre ante los obreros. En realidad, el “legado” de Cárdenas consistió en la consolidación del régimen burgués mexicano. Fue Cárdenas quien retomó al PNR de Calles y lo transformó de una máquina de poder personal en un instrumento capaz de organizar a las fuerzas políticas de México en una estructura corporativista.
Cárdenas no era ningún socialista ni antiimperialista; de hecho, al final de su gobierno, en 1940, la economía mexicana dependía de los EE.UU. más que nunca antes en la historia. Su intención fue modernizar al país para beneficio de la burguesía mexicana, y nunca poner en cuestión el dominio de ésta. Para ello, ante la debilidad de la burguesía nativa, requirió —como sus predecesores Obregón y Calles— el apoyo de la clase obrera contra las fracciones burguesas opuestas a las reformas nacionalistas y contra las pretensiones excesivas de los imperialistas. Desde la Revolución Mexicana, la burguesía ha empleado el nacionalismo, el anticlericalismo oportunista y un matiz socialista en su retórica populista como ariete ideológico para consolidar su poder contra las fracciones en competencia y justificar su represión contra luchas obreras y sublevaciones campesinas (ver el artículo “Un análisis marxista de la Revolución Mexicana de 1910” en Espartaco, núm. 12, primavera-verano de 1999); Cárdenas fue simplemente su mejor exponente.
Cárdenas buscó minar a Calles y a sus otros rivales ganando apoyo en el seno del PNR y el ejército. También buscó reparar las relaciones del estado con la iglesia, nominando como secretario de agricultura a un general católico, Saturnino Cedillo —quien más tarde encabezaría una sublevación rápidamente aplastada, financiada por el imperialismo británico—. Incluso la famosa “educación socialista”, instituida en la Constitución dos meses antes de que Cárdenas llegara al poder, no tenía otro objetivo que elevar la educación de los pobres y trabajadores para hacerlos más aptos para el trabajo asalariado eficiente y más productivos para la burguesía. Buscó ganar para sí el respaldo de los obreros, tomando su lado en luchas importantes para ganar su confianza y poniéndolos bajo el control de una férrea burocracia —la burocracia cetemista—. Un ejemplo ilustrativo de esto fue un conflicto estallado en Monterrey en febrero de 1936, donde el sindicato de la Vidriera Monterrey estalló una huelga en demanda de un nuevo contrato colectivo. Los patrones de inmediato lanzaron una campaña anticomunista contra los obreros. Cárdenas mismo viajó a Monterrey, donde otorgó su respaldo a los obreros y dio un ultimátum a los patrones: si estaban cansados por la lucha social, podían entregar sus fábricas a los obreros o al gobierno.
Cárdenas hizo numerosos llamamientos a que los trabajadores se organizaran en una central única —bajo su influencia—, con la perspectiva de coptar a esa central en su proyecto de partido de “sectores”: militar, obrero, popular y campesino. Esta es una ilustración del bonapartismo corporativista. Al mismo tiempo, se opuso a que las centrales obreras organizaran a campesinos, tratando de organizar a estos últimos directamente como un contrapeso a los obreros. Fue así como en 1938 surgió el antecesor del PRI, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), fundado por el antiguo Partido Nacional Revolucionario (PNR), la CTM y los demás “sectores” campesino, militar y “popular”.
Al final de la Depresión, las inversiones petroleras imperialistas se estaban concentrando en Venezuela, por lo que aún seguía habiendo despidos masivos en México. En 1935, los obreros de Tampico se fueron a huelga general tres veces en solidaridad con los petroleros. Y las huelgas continuaron hasta 1940, cuando Cárdenas desató la fuerza del estado para reprimir a los huelguistas de la antigua refinería de Azcapotzalco. Fue en ese contexto que Cárdenas expropió el petróleo. La expropiación de los ferrrocarriles se dio en un contexto similar. En mayo de 1936, 45 mil obreros ferrocarrileros se fueron a huelga. La huelga fue declarada ilegal por la Junta de Conciliación y Arbitraje, y fue suspendida ante la amenaza de intervención por parte del ejército. Por todo el país hubo una ola de mítines en protesta contra el gobierno y en solidaridad con los obreros. Al mes siguiente, la recién fundada CTM organizó un paro nacional de 24 horas como protesta a la represión contra la huelga ferrocarrilera. Se paralizó la economía: no hubo transportes ni energía eléctrica. Un año después, Cárdenas expropió los ferrocarriles.
En agosto de 1936 estalló una huelga de peones agrícolas en la Comarca Lagunera, con la participación de más de 20 mil trabajadores, entre los cuales el Partido Comunista tenía cierta influencia. Para octubre de ese año, el gobierno de Cárdenas emitió un decreto expropiando y repartiendo las tierras de dicha comarca e instituyendo las bases para la reforma agraria. Para consolidar el dominio burgués nacional, era necesario disciplinar al movimiento obrero. Pero, en la medida en que la burguesía mexicana buscaba frenar un poco las exigencias imperialistas, necesitaba el apoyo de los obreros. La hipocresía “socialista” de Cárdenas tenía ese objetivo: detener cualquier posibilidad de un movimiento obrero independiente y coptar a la clase obrera para sus objetivos burgueses. Cárdenas era un “hombre fuerte” bonapartista burgués y no ningún tipo de socialista reformista.
Los espartaquistas defendemos la industria nacionalizada contra las privatizaciones. Las nacionalizaciones fueron un golpe al imperialismo, y estamos por el derecho de los países coloniales y semicoloniales a explotar sus propios recursos naturales. En “México y el imperialismo británico” (1938), Trotsky explica:
“Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.
“Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro.”
En efecto, en la época imperialista, la emancipación de México, como la de todos los países subordinados a los imperialistas, debe ligarse a la perspectiva de la revolución proletaria en los países industrializados. Trotsky escribió “Las expropiaciones mexicanas del petróleo: un desafío al Partido Laborista británico” (23 de abril de 1938), en donde desenmascara a la dirigencia reformista del Partido Laborista británico, luchando por que el proletariado británico defendiera las expropiaciones mexicanas contra los ataques de la burguesía imperialista.
La burguesía mexicana está subordinada al imperialismo estadounidense, pero no es un mero títere; Cárdenas tomó ventaja de las rivalidades interimperialistas para maniobrar y llevar a cabo acuerdos económicos lucrativos para México. Por ejemplo, hizo enfurecer al imperialismo estadounidense por la venta de petróleo a los nazis. Por otro lado, apaciguó al proletariado mexicano y le retorció las narices al imperialismo estadounidense al dar asilo político en México al fundador y dirigente de la IV Internacional, co-dirigente con Lenin del Partido Bolchevique y organizador de la Revolución Rusa de 1917, León Trotsky.
La postura nacionalista de izquierda del cardenismo fue, necesariamente, muy breve —apenas lo necesario para descarrilar el descontento obrero—. Incluso la “educación socialista” —a la que muchos estudiantes y maestros miran con nostalgia— fue echada para atrás apenas 5 años más tarde. Esto lo explica, fundamentalmente, la imposibilidad de un régimen democrático burgués estable en los países de desarrollo capitalista atrasado. No existe, en la época de la decadencia imperialista, ningún ala “progresista” de la burguesía. En realidad, la única forma de lucha genuinamente antiimperialista, la única forma de deshacerse del yugo imperialista, es mediante la revolución socialista mundial, que requiere indispensablemente la hermandad revolucionaria de los proletarios del mundo.
En el caso de México, la lucha contra las privatizaciones y la embestida burguesa al servicio de los imperialistas debe ligarse a la lucha por la unidad revolucionaria con el poderoso proletariado multirracial estadounidense. Las luchas del proletariado mexicano y estadounidense estan política y económicamente ligadas, y más estrechamente desde la entrada en vigor del TLC y la rapiña del “libre comercio” contra México por el imperialismo estadounidense. El GEM lucha por ganar al proletariado mexicano a una perspectiva revolucionaria internacional conjunta con las luchas de sus hermanos y hermanas de clase del poderoso proletariado estadounidense, mediante el combate contra el nacionalismo que encadena al proletariado a su burguesía. Correspondientemente, nuestros camaradas en la Spartacist League/U.S. luchan por que los trabajadores estadounidenses rompan con el nacionalismo reaccionario y el racismo contra negros e inmigrantes, que domina al movimiento obrero y sirve para atar a los trabajadores a la clase dominante.
http://www.icl-fi.org/espanol/oldsite/CORPOR14.HTM
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